Hay lugares que se anuncian hasta por los codos y hay otros que simplemente dejan que el sabor haga la publicidad. En Cadereyta Jiménez, Los Tacos de Homero pertenecen a la segunda categoría: quizá no sean los más escandalosos en redes sociales, pero cuando se trata de desayunar rico, las familias de Cadereyta parece tener muy claro el camino.
Porque aquí no se viene solamente a comer tacos. Se viene a darse un gustito mañanero.
En una esquina de Padre Mier y Cuauhtémoc, el aroma empieza a hacer de las suyas antes de que llegue el primer taco a la mesa. Tortilla blanca, guisos recién servidos y una combinación que parece sencilla, pero que tiene esa peligrosa capacidad de provocar el clásico: “Bueno… échame otros dos”.
Y ahí está Homero.
El propio Homero atiende el changarro, recibe a sus clientes y le pone personalidad a un negocio que, con el paso del tiempo, convirtió unos tacos mañaneros en parte de la rutina de muchos jiménenses.

La carta juega con los clásicos que nunca fallan: picadillo, chicharrón, frijol, queso y papa, preparados para servirse en tacos suaves o doraditos, según el antojo y la prisa de cada quien.
Pero si algo termina de ponerle firma al asunto son los acompañamientos.
Primero aparece la zanahoria, fresca, como ese pequeño detalle que uno no esperaba que fuera tan importante hasta que prueba el taco con ella.
Luego vienen las salsas.
Y cuidado con la verde.
Porque esa salsa no está ahí de decoración. Tiene carácter, sabor y ese puntito que hace que uno diga “nomás tantita”… mientras ya le está poniendo otra cucharada. Y para los que disfrutan meterse voluntariamente en problemas, están los chiles toreados, listos para convertir un desayuno tranquilo en una experiencia con sudor en la frente. 
Lo bonito de Los Tacos de Homero es que conservan esa esencia de taquería que se siente cercana. No necesitas mantel largo, copas ni una carta de veinte páginas para comer bien.
Aquí la estrella está en la tortilla, el guiso, la salsa y en esa combinación de sabores que hace que un taco llame al siguiente.
Y eso explica algo que en gastronomía vale muchísimo: la gente regresa.
Está quien pasa después de la zumba porque después de tanto ejercicio, pues también hay que recuperar fuerzas. Está quien llega por el lonche para la escuela. Está quien se lleva unos tacos para la casa. Y está, por supuesto, el que amaneció con una sola misión: desayunar tacos.
Porque en Cadereyta hay mañanas que simplemente empiezan mejor con un plato de tacos enfrente.
Además, el lugar tiene ese ambiente acogedor donde uno puede sentarse, platicar y comer sin tanta ceremonia. Un espacio de esos que no necesitan presumirse demasiado porque sus clientes ya se encargan de contarle a otros.
Y vaya que la recomendación de boca en boca pesa: en directorios gastronómicos, Tacos Homero aparece con una valoración de 4.7 sobre 5 en Google, con comentarios que destacan tanto la comida como la atención.
Quizá esa sea la verdadera receta de Homero.
No buscar convertirse en famoso. Convertirse en favorito.
Porque los grandes lugares para comer no siempre son los que aparecen primero en Instagram. A veces están en una esquina, detrás de una tortilla blanca, una buena cucharada de guiso, una zanahoria, una salsa verde y un chile toreado.
Y cuando te das cuenta… Ya te acabaste tres.
Así que si eres de Cadereyta y todavía no has caído en la tentación, ya sabes dónde está el asunto: Padre Mier 510 Oriente, donde Los Tacos de Homero siguen haciendo lo que mejor saben hacer.
Porque en Cadereyta, hay desayunos…
y luego están los tacos de Homero.


