Cadereyta despide a Don Miguel Garza Garza: el hombre que sembró trabajo, generosidad y respeto.


Cadereyta Jiménez está de luto.


La partida de Don Miguel Ángel Garza Garza, a los 97 años de edad, no solo deja un profundo vacío en su familia, sino también en cientos de personas que, a través de los años, encontraron en él una mano amiga, una oportunidad de trabajo y un gesto de solidaridad que jamás olvidaron.


Tras darse a conocer la noticia de su fallecimiento, las redes sociales se llenaron de mensajes que retratan quién fue Don Miguel más allá de su trayectoria empresarial: un hombre cercano, sencillo y generoso, cuya mayor riqueza fue la forma en que trató a quienes lo rodeaban.

“Fue una persona muy buena, siempre nos dedicaba tiempo en el trabajo. Reíamos con él. Que Dios lo tenga en su santa gloria”, escribió uno de quienes compartieron jornadas laborales a su lado.

Otros lo recordaron como un patrón que nunca hizo menos a nadie y que siempre tendía la mano cuando alguien lo necesitaba.

“Trabajé muchos años para su empresa y cuando salí me regaló una camioneta. Dios lo tenga en un lugar muy especial”, relató un exempleado, reflejando el agradecimiento que aún perdura con el paso del tiempo.

Las historias continúan multiplicándose. Hay quienes recuerdan que regalaba abono de su engorda de becerros a quien lo necesitara, otros narran que invitaba a comer sin importar la condición social de las personas y muchos coinciden en que jamás olvidaba preguntar por quienes alguna vez trabajaron con él o con sus familias.

En comunidades como Hacienda La Trinidad, su nombre también quedó grabado en la memoria colectiva.

“Ya no existen los naranjos, pero siempre será ‘La Huerta de Don Miguel’”, compartió un habitante del sector, recordando uno de los lugares que marcó parte de la historia del municipio.

Los testimonios también destacan el trato humano que brindó junto a su esposa. Una joven recordó que, cuando su madre trabajó para la familia en la década de los noventa, recibió siempre respeto, apoyo y un trato digno.

“Nunca la humillaron. Eran personas de buen corazón, compartidas y muy humanitarias”, escribió.

Más allá de los negocios, de las empresas o del patrimonio que construyó, quienes hoy lo despiden coinciden en algo: Don Miguel dejó una herencia imposible de medir en dinero: el cariño, el respeto y la gratitud de toda una comunidad.

Cadereyta hoy no solo despide a un empresario. Despide a un hombre que supo ganarse el aprecio de generaciones enteras con actos de bondad que siguen vivos en la memoria de quienes tuvieron la fortuna de conocerlo.

Descanse en paz, Don Miguel Ángel Garza Garza. Su legado permanecerá en las historias, en los recuerdos y en el corazón de Cadereyta.

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