Con más sabor que un domingo de clásico y el ánimo hasta el techo, el Paseo La Fe tiró la casa por la ventana en su décimo aniversario, reuniendo a la raza en una celebración donde no faltó nada: gritos, risas, carreras por la selfie y un mar de celulares capturando el momento.

Los encargados de prender la mecha fueron nada menos que Aldo De Nigris y Aarón Mercury, quienes llegaron entre aplausos y desataron una ola de euforia que se sintió desde la entrada hasta el último pasillo. Aquí no hubo medias tintas: fue recibimiento de ídolos, de esos que ponen la piel chinita.

Desde temprano, la raza ya estaba más que lista. Hubo quienes apartaron lugar como si fuera concierto, otros que llegaron con pancartas, playeras tuneadas y hasta regalitos bien pensados. Y sí, también los fans de hueso colorado que se aventaron el viaje desde Guadalajara, Tijuana y Zacatecas nomás por vivir el momento cara a cara. Eso ya es otro nivel de lealtad.

El ambiente fue una mezcla fina entre evento de primera y cotorreo del bueno. Entre porras, carcajadas y uno que otro grito desesperado de “¡voltea pa’ la foto!”, Aldo y Aarón se dieron el tiempo de conectar con la gente, firmar autógrafos y regalar sonrisas que valieron el viaje completo.

Porque más allá del show, lo que se vivió fue cercanía. De esa que no se finge. De esa que convierte un evento en recuerdo. Y así, con el corazón lleno y la emoción desbordada, Paseo La Fe no solo celebró diez años… celebró a lo grande, como se debe, con su gente y para su gente.


